
Mas que una reflexión acerca de los sindicatos, voy a dedicar este pequeño escrito, a la clase trabajadora, en especial a la de Hidrocentro C.A, como un todo, yo pienso que en la etapa de la construcción de una asociación que luche y trabaje por los beneficios laborales del trabajador en todo sus aspectos cualquiera que sea su clasificación dentro de esta organización.
LOS SINDICATOS
INSTRUMENTOS PARA LA DEFENSA Y LA LUCHA
La organización sindical es una de las más grandes conquistas históricas de los trabajadores y campesinos. Son sus expresiones para la defensa y lucha de sus intereses. Y, en ella se deben afiliar los que libremente lo manifiesten. Sin embargo, no todos los gobiernos lo permiten. Entonces, el ejercicio de la libertad sindical es un problema de Estado, el cual no es el caso de nuestro país ya que en nuestra carta magna LA CONSTITUCION DE LA REPUBLICA DE VENEZUELA en su Capitulo V De los Derechos Sociales y de las Familias en el articulo 95 este articulo lo veras mas adelante.
Ahora, el carácter autónomo de un sindicato se lo da la dirección que esta tenga, y en última estancia, está determinado por la voluntad de sus trabajadores afiliados. Autonomía es independencia de clase de la dirección de la organización sindical y sus trabajadores, para tomar decisiones libres sobre sus problemas y aspiraciones. De allí nacen sus acciones clasistas, democráticas y luchadoras. Poco vale que el programa y los estatutos expresen condiciones autónomas en la organización, si la dirección y los trabajadores no saben ejercer ese derecho o conquista. Una de las tareas de la clase trabajadora es la de organizarse, no en el sentido de organizarse clase contra clase, organizarse para poder rendir mas a la lucha de causas, que es rendir mas al colectivo, que es rendir mas a la clase trabajadora…” por tal razón cada uno de los trabajadores Venezolanos y en este caso nosotros los empleados de la Hidrológica del centro debemos estar conscientes del papel histórico que nos corresponde cumplir en esta etapa de la lucha, combatir diariamente el sistema de explotación en cada área de nuestra empresa, en cada espacio de trabajo, aboliendo así la explotación del trabajador sin justa remuneración, dando paso así a una actividad en la cual el hombre transforme la realidad para satisfacer sus necesidades sociales, físicas y espirituales, es decir la transformación del trabajo sin sentido, enajenado del trabajo como mero medio, en un trabajo enriquecedor, en un trabajo liberador. Cada empleado debe convertirse en un dirigente, en un cuadro que comprenda perfectamente el proceso de lucha, un empleado combativo, con más conciencia de clase, con más conciencia de sus deberes y sus derechos, que deje de a un lado sus intereses individuales y trabaje diariamente en función del beneficio colectivo. La tendencia de las últimas décadas ha sido de institucionalizar a las organizaciones sindicales, más, la obsoleta vencida e ilegal que aun opera y que la empresa no a hecho nada para solventar esta situación de manera que esta en nuestras manos ya que cada uno de nosotros que somos el motor de Hidrocentro, comenzar las diligencias para lograr normalizar nuestra situación sindical y trabajar en función de establecer una estructura nueva que valla con los lineamientos de hoy en día y que de esa manera se pueda garantizar las mejoras laborales.
Desde hace años estas yacen en el mayor desprestigio debido a la profunda burocracia que la ahoga y la visible corrupción que los delata. Por eso hay tanta desconfianza y hostilidad con las organizaciones y los sindicalistas. Por eso el poco e ínfimo número de afiliación sindical. Los sindicatos mayormente se dedican a limitados reclamos económicos y, en su mayoría, se han integrado a la institucionalidad, al status quo y a las auto-proclamas, que por más encendidas y ultras que parezcan, no movilizan o terminan en meras acciones moderadas. En su inmensa mayoría son partidarios del “Dialogo Social”, los acuerdos tripartitos y son punta de lanza del Pacto Mundial por el Empleo, política hoy dictado por la OIT. Y cuando, por alguna razón, las principales individualidades de las direcciones de esas organizaciones sindicales logran hacerse de una considerada “legitimidad”, estos se embriagan de un enorme ego e individualismo, y todo lo conducen a una carrera por postulaciones y cargos muchas veces, hasta desembocar en divisiones por esas ambiciones personales o grupales en sus organizaciones. Todo esto ha conducido a que, hoy en día, el movimiento laboral y sus organizaciones no son la vanguardia en las acciones realizadas.
Comenzando la primera década de siglo XXI, y soportando las consecuencias de una federación de la cual desconocemos todas sus actuaciones y un sindicato que es, ya, público y notorio que opera pero no a favor de los trabajadores, hace falta responder a las deficiencias que no han sido superadas hasta ahora por dicha organizaciones.
Me atrevo a enumerar sólo algunas, y no por orden de su importancia: hacer valer su independencia de clase y autonomía; tener una legitimidad incuestionable; superar los límites en los sindicatos de bases de representar solo los intereses de sus afiliados y en los hechos practicar un nuevo tipo de “corporativismo”; estructurar en las organizaciones sindicales a las capas asalariadas, los tercerizados y los que se hallan sin trabajo; ser capaces de combatir la tendencia al burocratismo y alejamiento de las bases, promoviendo nuevos tipos de organizaciones autónomas y autofinanciadas en los lugares de trabajo como concejos de trabajadores, comisiones de fábricas, fondos de resistencias, círculos de estudios y formación, comités de empresa, contralorías sociales y participación comunitaria, etc
SUPERANDO LOS LÍMITES DEL SINDICALISMO
Y, sobre todo, para superar los límites del sindicalismo, hay que avanzar de inmediato en nuestro país en formas organizativas que vayan más allá del orden del capital y de luchas y aspiraciones defensivas. En este sentido ubicamos formas de organizaciones que busque el control social de la producción, que encamine al proyecto de emancipar a los trabajadores. Acá ubicamos a los Consejos de los Trabajadores.
Desde hace cierto tiempo - uno o dos años atrás-, con la propuesta de los Consejos de Trabajadores no se ha podido ordenar una discusión que esclarezca. Al contrario, mucha es la confusión. Cada quien jala para su lado, muchas veces sin tener una opinión acabada de qué tarea debería cumplir estos Consejos. En esto, cabe mucha culpa a funcionarios del gobierno que declararon de hacer barbaridades con la propuesta de crear este nuevo organismo de los trabajadores. Esto lo hicieron desde el ministerio del Trabajo durante la gestión nefasta de José Ramón Rivero. Pero, también hacen campaña contra los Consejos de Trabajadores la vieja burocracia sindical, la nueva burocracia roja rojita y sectores de la izquierda sectaria, que terminan construyendo organismos juntos a la burocracia socialdemócrata y ven maniobras en todo lo que no vengan de su iniciativa. Estos nunca encuentran oportunidades históricas para transitar por otras formas organizativas de autogestión de las masas.
Cuando la clase trabajadora se hace luchadora, comienza a buscar o se apodera de nuevos tipos de organización y de acciones que desemboquen necesariamente en la fundación de un nuevo sistema: un Estado obrero. La clase trabajadora creará de su seno, con todas sus energías - aunque sea entre errores y vacilaciones -, instituciones de tipo nuevo que al principio sea intermediario de su poder. Los Consejos de Trabajadores pueden representar ese grandioso acontecimiento histórico, y lo puede hacer con menos trabas y de forma mucho más rápido de lo que pudieran hacerlos los cuestionados y limitados sindicatos. Con ese nacimiento, el de los Consejos de Trabajadores, el proceso de lucha avanzará años luz y entraría en una fase definitoria ya que se busca no el apoyo de el sector sindicalizado sino la mayoría de del universo laboral de nuestra empresa.
Ese es, y debe ser, el propósito de los Consejos de Trabajadores, y no otro. Los sindicatos seguirán existiendo. No obstante, las nuevas necesidades de controlar las acciones y ganancias de los patronos, tener poder de decisión para definir qué, cuándo y cómo se produce, se llevará acabo con este nuevo tipo de organización. Así, la clase obrera pasará de ser un determinado “instrumento de producción” afiliado a un sindicato o no, a ser parte de un colectivo activo, consustanciado, consultado, en una determinada constitución orgánica. Pasa “casualmente” a formar parte de ese cuerpo constituido, en tomar decisiones a su voluntad. Tiempo grandioso. Comienza así, otro juego y otra historia.
Los consejos de trabajadores y trabajadoras deberán estar conformados por hombres y mujeres que sepan analizar el momento histórico que se esta viviendo, que sean ejemplo de esfuerzo, pero que al mismo tiempo sean capaces de convencer a sus compañeros de que es necesario realizar esfuerzos para construir una plataforma laboral óptima, y que estos esfuerzos deben realizase en beneficio de la masa laboral en general, con la finalidad de que todas las mejoras estén ajustadas a la realidad.
“Cada agrupación humana es mas importante que el individuo, y todo el grupo de un sector es mas importante que un sindicato y todos los trabajadores son mas importante que उनो"